About me

Enrique de Rodrigo

Normalmente (casi siempre), publicar algo en este tipo de blogs personales, aparte del narcisismo inherente, está destinado al autobombo de las actividades que uno hace. Pero en mi caso voy un poco más lejos de esta característica propia a todo hijo de vecino que desea darse a conocer mediante esto del Internet: el de ser yo mismo quien dé cumplida cuenta de lo que subyace en mis escritos hasta ahora publicados.

Son bastantes los lectores que me interpelan sobre inspiraciones o influencias. Hasta aquí nada que pueda perturbar el ánimo de cualquier escritor, músico, pintor…, de cualquiera que se mueva por el mundo de la creación artística. El problema es cuando el público leído gusta de interpretaciones a la cual más rocambolesca, y que después atesoran como legítimas en las urdimbres de su imaginación; hermenéuticas que sobrepasan lo absurdo, a la vez que suponen un insulto a la inteligencia, a la mía en particular. Desvelar al público lo que verdaderamente hay detrás de lo que escribo, para no sobrealimentar la estupidez de algunos, es uno de los  motivos que me impulsaron a marcarme este blog. (Una página web sale algo cara de mantener… y no estoy por la labor de aflojar la gallina a tanto mamón cibernético).

Esto no quiere decir que vaya contra mis lectores, el público en general, sino contra el engreimiento de muchos críticos que creen saber más de la trastienda de la historia que se cuenta que yo mismo (lo que me indigna bastante), algo muy común entre los plumillas de publicaciones y blogs especializados en eso de la crítica cultural. Presumen de ello. Y se ven como dioses por «haber descubierto» los más íntimos secretos que se guardaba o guarda el autor, llegando al éxtasis divino de seerse privilegiados, distanciándose de la ignorancia de esos mortales incapaces de ver más allá del negro sobre blanco. ¡Pichaflojas!

También este tipo de blogs sirven para publicar un tomo de la Espasa-Calpe en forma de currículo. Uno tiene que vocear a los cuatro vientos lo listo que es. ¡Hala, a poner todos los logros académicos y profesionales habidos y por haber! Como si al lector cibernético le importara lo más mínimo. Mi narcisismo no llega a tanto. Seré más humilde…

Dejando al margen los datos biográficos, como el que nací en Valladolid allá por el año 1969, digamos que me percibo como un simple juntador de palabras, que no escritor propiamente dicho y con mayúsculas (después de Cervantes muy pocos lo son). Me tomo esto de la escritura no como un hobby, sino como una forma de evasión. Escribo para mí. Y yo mismo soy el primer lector a quien va dirigido lo que me sale… de la sesera; un gusto que parece ser compartido por una minoría un tanto selecta, eso sí. Lo mio no es para los azogues; tampoco aspira al deleite de las masas. Para estas ya están los periódicos, los libros de autoayuda, los de cocina, las revistas del corazón, de coches, de maromos, chorbas y transexuales cachas y las novelas negras nórdicas.

Al hilo de esto, llevo a rajatabla esa famosa sentencia atribuida a Woody Allen que aparece junto a mí, en la cabecera. Sí, ese tipo de la foto, no muy reciente, por cierto (no tenía otra más a mano para el tema que nos ocupa), con cara de mala hostia, soy yo. Salgo con un ojo de cada color, gracias a la guasa que se traía un amigo mio con el Photoshop, por eso de la ambivalencia freudiana (reconozco que Freud, aun estando equivocado en bastantes de sus tesis, es fuente de mi inspiración: muchos de mis personajes fondean en el tenebrismo de lo irracional), o porque en todos nosotros anida la dualidad que encarna el Dr. Jekyll o Mr. Hyde, por ejemplo. Obviamente no se puede gustar a todo el mundo… Y el haber asimilado esa máxima es lo que me permite escribir con total libertad lo que quiero sin preocuparme de terceros. Pero sigamos.

Enrique de Rodrigo

Licenciado en Filosofía por la Universidad de Valladolid. No supuso un mérito. De lo único que me siento orgulloso de esta licenciatura es que no tuve que pagar un duro por ella: fui buen estudiante y me pasé toda la carrera becado. Es de lo que puedo presumir, porque la Universidad de Valladolid, al menos en la Facultad de Filosofía (véase la foto. Todavía me pregunto qué clase de gotera se me formó en la cabeza para soportar el top del cuñadismo académico), no es precisamente un remanso de lumbreras. Más bien todo lo contrario: salvo unas excepciones preñadas de erudición, se conjuró en mi formación la flor y nata de lo más casposo que parió madre. Si de por sí lo de la filosofía emana caspa…, muchos eran los que cobraban sobresueldos de Pantene para que apareciera entre nuestro pelo más caspa, seborrea, culebras, sapos y cualquier bicho alado condescendiente con el cabello graso. Nunca vi a tanto profesor bocachancla reunido en torno a Platón, Descartes, Schopenhauer, Marx, Nietzsche, Wittgenstein, Russell, Popper… Me licencié renegando de la Filosofía. (Abogo por la supresión de la Filosofía en cualquier plan de estudios: Enseñanza Secundaria, Bachillerato y, no digamos ya, como licenciatura universitaria. El pensamiento crítico no es patrimonio de la Filosofía. Y el que quiera pensar por el pensar mismo… ahí tiene el ajedrez). Paradójicamente, ahora preparo suculentos guisos intelectualmente macabros con lo que me ha quedado de piojos y liendres.

Para ir concluyendo, y por eso de la justicia y de la economía sociales, en ATTAC España comparto filiación con muchos comprometidos con estas causas. Hay formas de entender y hacer economía que no sean las históricas del modelo neoliberal que respiramos actualmente: humillación, enajenación y servidumbre.

Bueno, me he dejado bastantes cosas en el tintero, pero creo que con esto es más que suficiente para una presentación correcta y sin estridencias. Es posible que me haya extendido un poco. No me hallo en la facilidad de la prosa austera y de la síntesis que caracterizaban a mi paisano y admirado Delibes: la insoportable complejidad de lo simple. Dejémoslo en que me he tomado una pequeña licencia para dar aire a esas palabras que me andaban espabiladas. Quizás por eso de ser el decano de lo siniestro en la capital del Pisuerga. Os dejo en el «Menú» los desplegables que os dirigirán al making of de mis hasta ahora tres publicaciones. A excepción del ensayo, que va por otros cauces, de mis dos novelas explico cómo surgieron, de dónde tomé la inspiración para sacarlas adelante… y el significado que se oculta detrás de su simbolismo de destrucción y muerte. Vale. Enrique de Rodrigo